Palabras del director del CEGA Diego Morata: “Segundo tiempo para la Geotermia”

lunes, 26 de septiembre

Este 2016 comenzamos el segundo período de cinco años financiados por el Programa Fondap de CONICYT. Como centro de investigación tenemos un reto enorme por delante: seguir haciendo investigación de alto nivel y encantar a decenas de estudiantes de pre y postgrado para profundizar en el estudio de la geotermia en un contexto nacional donde la energía de la tierra parece más enterrada que nunca.

La ilusión en nuestros estudiantes por conocer los sistemas geotermales andinos, aportar con nuevas metodologías para recabar información basal o buscar aplicaciones de la geotermia para mejorar la calidad de vida de nuestra sociedad contrasta un poco con el desalentador panorama que hoy en día enfrenta la geotermia en Chile. Si el 2012 el número de concesiones de exploración geotérmica vigentes era de 68 (el máximo histórico, desde la nueva ley de geotermia), en el año 2015 la cifra descendió a 17, y en lo que llevamos del año que corre, hay tan solo ocho concesiones de exploración vigentes y nueve las concesiones de explotación vigentes (datos obtenidos de ACHEGEO y el Ministerio de Energía). Son cifras preocupantes para la meta de conseguir una matriz energética nacional diversificada y robusta, dado que la geotermia es una de las energías renovables locales y limpias que mayor estabilidad de generación eléctrica puede asegurar, todo el año, independiente del clima. Claramente la “fiebre del oro de la geotermia” cerró su ciclo y ahora nos enfrentamos a una situación completamente diferente. ¿Qué fue lo que pasó con el entusiasmo inicial?, ¿qué sucedió con todas esas áreas que hoy no están vigentes?, ¿dónde está toda la información que obtuvieron las empresas que realizaron exploración a comienzos de esta década y que hoy ya no están trabajando en geotermia? Son muchas preguntas y dudo que haya una respuesta simple (y única).

Esta situación es, cuando menos, paradojal, ya que podemos afirmar que hoy la geotermia en Chile está más viva que nunca. Estamos viviendo el momento histórico en el que se está construyendo la primera planta de generación de electricidad mediante geotermia en Cerro Pabellón (Norte de Chile). Es la empresa Geotérmica del Norte, empresa mixta conformada inicialmente por la italiana Enel Green Power (51,4%) y la chilena Enap (48,6%), la que está construyendo nuestra primera planta en Chile y la que será la primera de Sudamérica (si bien en Argentina se construyó una pequeña planta experimental en Copahue, en la actualidad no se genera ni un kw de electricidad mediante geotermia en nuestro continente). Serán 48 Mw los que se van a instalar en Cerro Pabellón, con proyección para expandirse hasta 100 Mw. Pronto Chile va a entrar en el club de los países que generan electricidad mediante geotermia, demostrando que la geotermia es posible en los países andinos. Pero, con las bajas cifras de concesiones de exploración vigentes a la fecha, ¿dónde se instalará la segunda planta? Iniciativas muy interesantes como las que desarrollaron Energía Andina o Mighty River Power ya no existen. Y la empresa filipina EDC, que tenía proyectado una campaña de perforación para este verano que pasó, también canceló las operaciones en terreno. El Consejo Geotérmico pareciese estar hoy debilitado, ya que algunas de las empresas que lo conformaron en su comienzo hoy en día no están activas. Nosotros, desde la academia, vemos con preocupación este segundo tiempo que están afrontando las empresas. Por otro lado, los diferentes organismos ministeriales pareciesen hacer cambios a la legislación geotérmica, pero aún no se ven resultados concretos. Esta situación compleja contrasta enormemente con la ilusión que el CEGA abordará los próximos cinco años a través de la generación de mapas sobre nuestro recurso geotermal, el conocimiento de los orígenes geológicos de nuestros reservorios y la aplicación en proyectos pilotos del uso directo de esta energía.

Siempre he defendido que el desarrollo de la geotermia es una acción que involucra a muchos actores, y nuestros planes se verían mucho más iluminados si la investigación universitaria se viese reforzada por el interés de la empresa y los organismos públicos para impulsar la energía que desde hace casi un siglo puja por salir de su entierro a través de un trabajo sinérgico entre todos. ¿O es que no estamos todos buscando la misma meta, desarrollar una energía limpia y nuestra? Chile tiene recursos geotérmicos y un centro de investigación de reconocimiento internacional. Debemos aunar fuerzas, tanto desde el sector privado como desde la academia y el Estado, para que pronto podamos anunciar el desarrollo de otra planta geotérmica en otro lugar de nuestra larga y angosta geografía, porque casi todo el país cuenta con los recursos para ello. Chile merece tener geotermia. Vivimos en un país al fin del mundo con un medio ambiente único que proteger, y sólo lograremos heredarles esto a nuestros hijos si crecemos con energías limpias. Ojalá se revierta el pesimismo de las empresas y la laxitud estatal y todos podamos aportar nuestro granito de arena al desarrollo de la geotermia en nuestro país.